Todos los análisis que se realizan regularmente sobre los servicios sociales de esta Comunidad - la Estadística , el Gasto y el Informe del Consejo Vasco de Bienestar-, a la hora de realizar un diagnóstico de su situación y determinar sus debilidades, coinciden en valorar como una de las más graves la de las desigualdades en el trato a los ciudadanos relacionadas con su municipio de residencia.
Las fuertes diferencias detectadas en esos trabajos, inconcebibles en otros sistemas de protección más normalizados como el educativo o el sanitario, por poner los ejemplos más evidentes, tienen en buena medida que ver con el modelo organizativo elegido. Frente a estructuras de tipo piramidal, fuertemente jerarquizadas, como las de los sistemas de protección mencionados, la sociedad vasca optó en su día por un modelo de servicios sociales con sus recursos muy descentralizados -desde esta perspectiva no existen diferencias ni con educación ni con sanidad-, pero con numerosos núcleos de poder decisorio dotados de elevado protagonismo y gran autonomía operativa, los ayuntamientos, y, desde esta otra perspectiva, este sistema nada tiene que ver con los otros.
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